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Artículos > El grupo de teatro terapeútico Share

Todo espacio es algo a descubrir, y esto vale también para la sala donde se desarrolla el taller de teatro terapeútico. El ser humano es un ser vivo y sensible. Se relaciona con el mundo exterior a través de sus sentidos (vista, oído, olfato, tacto, gusto). Explorar el entorno con atención y los sentidos despiertos es fuente de una variedad de sensaciones, que movilizan diferentes reacciones de atracción y rechazo, de gusto y disgusto, lo que también se traduce en una variedad de estados emotivos. A menudo nos movemos por el mundo dándole vueltas a la cabeza, concentrados en nuestro diálogo mental, en nuestras preocupaciones cotidianas, sin prestar atención a lo que pueden percibir nuestros sentidos, y a la resonancia interna que estas percepciones nos producen.

Para esto hace falta tiempo, una velocidad lenta, una atención despierta, dirigida tanto hacia el exterior como hacia la huella que los estímulos externos nos dejan dentro, y hacia cómo reaccionamos a ella. De esta forma, el espacio de la sala que parecía un espacio mudo, homogéneo, cobra colores, sabores, texturas, aromas, temperatura. Descubrimos rincones en que nos sentimos bien, donde nos apetece parar y respirar un rato, y otros de los que nos apartamos con presteza. Nuestra memoria emocional de seres humanos guarda registro de todas las experiencias que hemos tenido durante la vida, y las mantiene asociadas con la sensación de displacer y/o de placer de que fueron acompañadas. Es una memoria que funciona por asociación. Si prestamos atención, cualquier situación actual, cualquier registro sensorial, tiene un matiz emotivo, nos impulsa a abrirnos a él o a cerrarnos a él, nos genera una sensación de bienestar o de malestar, que puede ser muy sutil. Por ello, el mapa sensorial y emotivo de un mismo espacio es un asunto subjetivo. Lo que para uno resulta agradable para el otro es desagradable. El rincón preferido por alguien es rehuido por el otro. Así, el espacio del taller de teatro terapeútico despierta en cada uno un espectro de vivencias diferentes y adopta para cada uno un conjunto de significados único e individual.

Y si cada lugar dentro del espacio, a través de las sensaciones que contiene, nos trae un eco de algo ya vivido que permanece en la oscuridad de la memoria (aunque siempre podemos intentar ir al rescate de su recuerdo), cada persona dentro del grupo de teatro despierta en nosotros, con sólo su presencia, una variedad de asociaciones y emociones, y una respuesta más o menos intensa de atracción o rechazo, y a menudo ambas al mismo tiempo y entremezcladas. Y esto lo sentimos en presencia de alguien antes de habernos relacionado con esta persona, antes de que ella se haya dirigido siquiera a nosotros, antes de que tengamos ninguna experiencia objetiva de su manera de ser o de su forma de comportarse con respecto a nosotros.

Esta primera impresión, este primer impacto emotivo que el otro produce en nosotros, genera un movimiento bien de apertura, bien de cierre ante esta persona, y, por lo tanto, puede condicionar con fuerza la posibilidad de establecer una relación positiva con ella, tanto en el sentido de facilitarlo como en el de dificultarlo. Si nos dirigimos con apertura hacia alguien facilitamos que se abra a su vez a nosotros, si nos dirigimos hacia ese alguien con reticencia, es probable que nos responda de la misma manera. Es, pues, muy importante hacerse consciente de la existencia de este impacto emotivo, que se produce no sólo en el ámbito del taller de teatro terapeútico, sino en todos nuestros encuentros, en todas las relaciones que establecemos, y no dejar que cobre el valor de juicio objetivo sobre dicha persona. Registrarlo como un dato más, que habla más de mí mismo que de el otro, dejarlo a un lado de momento y hacer un movimiento consciente de apertura tratando de acceder a esta persona más allá del prejuicio en que se puede convertir el impacto emocional que haya producido en mí.

Así pues, el grupo de teatro se convierte en un juego de espejos, donde cada persona despierta en mí diferentes asociaciones, diferentes estados emotivos, diferentes respuestas. Cada persona tiene su propio aroma, sus colores, su textura, su ritmo, cada persona impacta nuestros sentidos de manera diferente. De esta manera el grupo representa la diversidad de la familia humana. Todos somos diferentes y también todos tenemos en común el hecho de ser humanos, de vivir una vida limitada sobre esta tierra, de buscar el placer, la felicidad, la realización, cada uno a nuestra manera, con nuestras dificultades y extravíos; todos compartimos miedos y esperanzas, alegrías y tristezas, sueños y desilusiones. Miremos al otro como a un compañero de viaje, que sigue un camino en parte igual, en parte diferente al nuestro, que ha pasado por lugares que no conocemos, que ha aprendido cosas que no sabemos, que ha desarrollado aspectos de lo humano que nosotros no hemos desarrollado. Mirémoslo como a alguien con quien puede ser gozoso compartir, intercambiar puntos de vista y experiencias, disfrutar con lo que tiene de diferente y también con lo que tiene de común. De esta manera, el grupo de teatro terapeútico se convierte en un lugar de intercambio, donde cada uno puede mostrarse y compartir, con la seguridad de ser aceptado, escuchado y apreciado.

Todos formamos parte de la humanidad, y a causa de esto tenemos muchas cosas en común con cualquier otro ser humano. Al mismo tiempo, todos somos individuos, todos somos únicos. Los diversos aspectos de lo humano se combinan en cada uno de maneras diferentes, en combinaciones originales. Es como si todos estuviésemos hechos con los mismos ingredientes, pero en proporciones, modalidades y combinaciones distintas. De forma que cada individuo es único e irrepetible y deja en el mundo una huella distinguible de todas las demás. Si miramos a las personas del grupo con atención podremos percibir que cada una emana una música peculiar, un aroma que le corresponde y le distingue. El grupo de teatro terapeútico facilita el apreciar este hecho diferencial de cada uno, que queda resaltado por contraste con todos los demás participantes. Cada uno es alguien en el grupo, cada uno aporta su especificidad irreemplazable. El grupo es el que es porque los individuos que lo componen son quienes son.

Cada persona emana una atmósfera característica, y de esta forma estimula nuestra imaginación en una determinada dirección. Podemos fantasear sobre su manera de ser, sobre cómo debe ser su vida, sobre sus aficiones, sobre sus valores, sobre sus rutinas cotidianas. Podemos buscar en nuestra memoria con qué personaje de la literatura, del cine o el teatro podría encajar y con cual nos parece que no tiene nada en común. Si ofrecemos estas fantasías nuestras a una persona, esto puede permitirle ver aspectos de sí misma que apenas reconocía, quizás confirmar otros con losque sí estaba en contacto.

Por el hecho de participar en una actividad de grupo como es el teatro terapeútico, la fantasía de cada persona se pone a funcionar, y esto en una doble dirección. Por un lado se activan sus temores, relacionados con la anticipación de las cosas que podrían pasar que le harían sentir mal. Estos temores suelen estar relacionados con su experiencia pasada, y se refieren a la repetición de situaciones que le causaron malestar en un momento dado. Puede ser el temor a querer expresar algo y no ser capaz de encontrar las palabras adecuadas, o el temor a sentir timidez ante las personas del otro sexo, el temor a ser criticado, el temor a sentirse excluido, etc. Cada uno tiene sus temores que son un asunto muy personal.

Por otro lado se activan sus esperanzas, relacionadas con la anticipación de las cosas que podrían pasar que le harían sentir bien. Estas esperanzas se refieren a la repetición de situaciones que le causaron bienestar en un momento dado, y también a la expectativa de poder superar las dificultades que le generan malestar y de poder vivir las mismas situaciones del pasado, esta vez de una forma más satisfactoria.

Poder compartir estos temores y esperanzas entre los miembros del grupo ayuda a relajar esta tensión que supone estar pendiente de aquello que uno no quiere que pase y de lo que sí quiere que pase. Finalmente no hay otro antídoto para esto que la aceptación y la tolerancia, y una dosis de desapego y apertura. Aceptación ante las dificultades con que nos podemos encontrar, tolerancia para el malestar que ello nos hará sentir, desapego para no quedar enganchados en esto y apertura para disponernos a aprovechar las oportunidades de participar, disfrutar y aprender que el taller de teatro terapeútico nos va a seguir proporcionando sesión a sesión.

Alfonso Cobas: arteterapeuta especializado en teatro-terapia, terapeuta gestalt, formador en técnicas expresivas y corporales.

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Mª Teresa Llobet

Terapìa Gestalt