Son piedras recogidas de la naturaleza, tanto de mar como de montaña. Cada una tiene su propia energía, y es esa energía la que se pone al servicio del cuidado del cuerpo durante la sesión.
Antes de usarlas, las piedras se preparan con un alcohol de remedios antiguos que elaboramos nosotros mismos en el centro, pensado para cuidar su energía.
Se calientan a una temperatura constante, se colocan sobre puntos concretos y también se emplean para hacer el masaje, deslizando sobre la piel con aceite. El calor entra poco a poco y abre el tejido, así que no hace falta hacer fuerza para llegar a la musculatura profunda.
Al final de la sesión se hace un masaje relajante para cerrar el trabajo.
Es una de las sesiones más agradecidas para quien no lleva bien la presión fuerte. Si tienes problemas circulatorios, la piel muy sensible o alguna condición que desaconseje el calor, comentálo antes de reservar.
